viernes, 1 de junio de 2018

CAPITULO 31


Terminamos de comer y volvemos a casa. Alex ha tenido que salir un momento para no sé qué de su madre. Ahora mismo estoy tumbada bocarriba en el sofá, mirando el móvil y escuchando música. De repente me llama Carmen.
-Dime cariño.
-¿Cómo vais? ¿Os habéis matado?
-Por raro que parezca, no. Está siendo muy agradable.
-¿Mi hermano? ¿Agradable?
-Si, nena. Me vuelve loca, no puedo evitarlo.-Suspiro.
-Si se está portando bien, ¿a qué viene ese tono?
-Porque me da miedo que la fastidie, Carmen. Me da miedo que todo esto sea mentira y que cuando le haya perdonado y estemos como antes vuelva a saltar otra bomba. Lo amo. Y me encantaría poder estar con él como pareja, pero no me fio de él.
-Pues entonces ya está. Deja que se lo curre un poco.
-Eso haré. ¿Tú como estás? ¿Y mi hermana?
-Estamos bien, tranquila. Tu hermana se ha quedado dormida y yo estoy viendo una película.
-¿Y Kevin?
-Tenía planes. Me ha dicho que vendrá por la noche.
-Te gusta mucho, ¿verdad?
-¿Tanto se nota?
-Para alguien como yo, sí. Para alguien como él, ni con gafas lo ve. Pero vamos, que ni él lo ve ni tú tampoco.
-¿Cómo que yo tampoco?
-¡Pues que está colgado por ti!
-¡Qué va! Ojalá.
-Que sí, hazme caso. -Escucho la puerta abrirse.-Nena hablamos luego que acaba de llegar tu hermano, un beso. -Y cuelgo antes de que responda. Alex va directamente a la cocina, deja algo sobre la mesa y viene al salón.
-¿Cómo estás?
-Bien.
-Toma. -De su bolsillo saca una caja roja y me la da. Asombrada, abro la pequeña caja y me llevo la mano a la boca. ¡Santo Dios! Es un collar, pero no cualquier collar. ¡Es el corazón del mar! ¡El collar que Rose lleva en el Titanic!
-Alex... Yo...¿Cuánto te ha costado?
-No importa. ¿Te gusta?
-¡Me encanta! Pero... te habrá costado un pastón.
-Da igual lo que me haya costado. Te lo he comprado y punto.
-Pero yo no necesito que me compres cosas para demostrarme que me quieres.
-Lo sé, pero he querido hacerlo. ¿Te lo pongo?
-Sí. -Me doy la vuelta, me aparto el pelo y me lo pone. Siento el frío de la cadena y me da un escalofrío.
-Ya está.
-Es precioso. Gracias. -Y sin esperárselo, le doy un beso en los labios. Un beso lento y corto, pero lleno de amor y deseo.
-Vamos a ver la televisión un rato, anda. -Me pasa la mano por los hombros y yo me recuesto en su hombro. Me da un beso en la cabeza y yo sonrío como una tonta.

CAPITULO 30

A la mañana siguiente me despierto por unos besos en la mejilla. Poco a poco voy abriendo los ojos y veo a Alex mirándome sonriente.
-¿Qué coño haces tú en mi casa? -Miro a mi lado pero no veo a mi hermana. Tampoco está en la habitación. -¿Y mi hermana?
-Con la mía. Pasarán el día juntas y tú yo también, solos.
-¿Tú y yo? ¡Já! ¡Tú flipas! -Me levanto pero me mareo al instante. Alex me tiene que sujetar para que no me caiga hacia delante. Le aparto las manos de un manotazo, cojo las muletas y voy al baño. Me lavo la cara, me arreglo un poco el pelo y cuando salgo, Alex está esperándome.
-No te vas a quedar sola así. Puedes caerte y romper algo o peor aún, hacerte daño.
-No estaré sola, mis padres están en la habitación.
-Nop. Les he dicho que podían irse tranquilos  a sus respectivos trabajos, que yo cuidaría de ti.
-Te recuerdo que estoy así por culpa de tu novia. -De repente Alex se pone tenso.
-Carla no es mi novia.
-Pues es lo que va diciendo por ahí. Así que no intentes negarlo. Vete con ella y déjame en paz. -Dicho esto, paso por su lado y me voy a la cocina.
-Ya te he dicho que no vas  a hacer nada. Y no voy a irme por mucho que lo desees. Te quiero a ti y voy a demostrártelo.
-Pues que tengas suerte.
-La tendré. ¿Qué quieres desayunar?
-Nada.
-Te prepararé un cola-cao y un sándwich con queso. -La ratona que llevo dentro pega un brinco y no puedo evitar sonreír. Él me mira y pone los ojos en blanco acompañado de una sonrisa.
-Ya que tengo que pasar el domingo contigo,¿qué has planeado?
-Podríamos ver pelis y estar de relax. Te vendría bien reposar un poco.
-Ya reposo bastante. Y mañana voy a ir a clase así que necesito andar.
-Vale, pues desayunaremos tranquilos, veremos la televisión y a eso de las 13:00 nos iremos a andar un poco. Te invito a comer.
-No hace falta que me invites. Podemos dar un paseo y luego volver y comer aquí.
-Ya que paso un día entero contigo, quiero pasarlo en condiciones.
-Como quieras.
Pasamos un rato en silencio. Solo se oye el microondas. Pero no es un silencio incómodo, es un silencio lleno de emociones y sentimientos. Quiero decirle que lo amo, que deje ya las tonterías y me bese. Necesito que me haga suya, que me haga temblar. Pero me muerdo el labio. Tiene que ganárselo. Tiene que saber que no me va a utilizar cuando le venga en gana.
-¿Qué piensas?-Pregunta poniéndome el desayuno en la mesa. Veo el queso derretido y me vuelvo loca. Cojo el primer trozo y le pego un gran mordisco. Alex me observa con su típica sonrisa tonta pero paso de él estoy muy concentrada saboreando el queso.
-En ti, no.
-Sí si, seguro. Voy a encender la tele anda. -Sale de la cocina y me quedo sola con mi precioso sándwich.

A las 13:00 estamos saliendo de casa. Alex lleva mi bolso ya que yo no puedo con las muletas. No para de hablarme de su equipo de fútbol favorito: El Barcelona. Tampoco para de confesarme que de pequeño quería ser como Messi y que jugaba en el equipo de fútbol de su colegio. Le encanta el pescado, la tarta de manzana, su color favorito es el azul oscuro y quiere comprarse una moto.
-Vaya, no pensaba que me contarías todo eso.
-¿Por qué?-Me encojo de hombros.
-No sé. No te veo contándole tu vida a nadie, y menos a mí.
-Pues eres la única que sabe casi todo de mí.
-¿En serio?
-Sí.
-¿Por qué? ¿Por qué me lo has contado a mí?
-Porque eres la única persona que me importa, a parte de mi hermana. Me haces sentir cosas que nunca había sentido, Kelia. Aunque no lo demuestro.
-En eso estamos de acuerdo. -Ambos nos miramos y sonreímos. No más palabras. No más confesiones. Solo miradas. Miradas cargadas de deseo, pasión y... ¿amor?
-Venga anda, te invito a comer. -Alex se pone a mi lado, me quita una muleta y me coge de la mano. Me duele las costillas por falta de apoyo, pero no digo nada. Me siento feliz por una vez.