viernes, 1 de septiembre de 2017

CAPITULO 13

Al día siguiente me despierto por culpa de la alarma. La apago y me siento en la cama. ¿Dónde está Alex? Ayer… ayer lo hice después de mucho tiempo y… me encantó. Sus besos, sus manos recorriéndome el cuerpo…. Dios, fue alucinante. Me levanto de la cama y voy al baño. Me lavo la cara y voy a la habitación de mi hermana.
-Buenos días, dormilona. Venga, despierta.
-Un ratito más.
-No, venga arriba. –Le destapo y le hago cosquillas. Ella se remueve riendo y al final se levanta. Sonrío satisfecha y vuelvo a mi habitación. Decido ponerme la ropa que me compré ayer. Busco en las bolsas hasta que encuentro la ropa que me satisface: unos pantalones vaqueros de talle alto junto con un top negro y una chaqueta vaquera corta. Me pongo mis HURACHE negras  y me peino. Preparo los libros de las clases de hoy, los meto en la mochila y me la cuelgo en la espalda. Salgo de mi habitación y voy a la cocina, donde encuentro a Carmen.
-Buenos días, guapa.
-¡Guau! Estás… preciosa. –Dice Carmen con mucho entusiasmo y por un momento, me lo creo.
-Gracias. ¿Cómo has entrado?
-Tu padre se ha ido temprano y como me ha visto esperando me ha dejado pasar.
-Pues ya conoce a mi única amiga.
-Eso cambiará el sábado. Oye, ¿te vienes hoy a mi casa?
-No puedo, he quedado con el chico misterioso, ¿recuerdas?
-Bueno, pues después. De todas formas, ya te dije que iría yo contigo así que… después de ver quién es nos vamos a mi casa y estamos un rato. Puedo ayudarte con los deberes, si quieres.
-Genial. Muchas gracias, nena. ´
-De nada beba. Venga, vamos.
-¡Yoli nos vamos! –Digo lo bastante alto para que me oiga. Mi hermana corre hacia nosotras y Carmen la coge en brazos. Salimos de mi casa y cierro la puerta.


Por fin, hora del recreo. Llevo toda la mañana pensando en Alex. Estoy deseando verlo y hablar de lo que pasó anoche. Justo en ese momento pasa Alex con Raúl y sus otros amigos.
-Hola Alex, ¿podemos hablar? –Él se vuelve y me mira y con una brusquedad que me sorprende, me contesta:
-No puedo ni quiero hablar contigo. Pírate. –Dicho esto, se da media vuelta y veo como se ríe con Raúl y esté le pasa el brazo por los hombros y le choca los cinco. Yo, en cambio, me quedo ahí parada, mirando cómo se va con Raúl y los otros. Me voy a la mesa donde quedo con Carmen y veo que ella me está buscando con la mirada. Cuando me ve, me coge del brazo y me sienta en la silla de un empujón.
-¿Dónde estabas?
-Yo… estaba… -discuto entre mí misma si contarle lo que pasó ayer con Alex o no. Es mejor decírselo. Es mi mejor y única amiga y no puedo perderla.-Buscando a Alex.
-¿A mi hermano? ¿Por qué?
-Pues… -cojo aire- ayer vino a mi casa y nos acostamos. Yo estaba en toalla porque me acababa de duchar y cuando entré en mi habitación vi a Alex apoyado en mi armario. Habría entrado por la ventana… -Lo suelto tan rápido que me cuesta respirar. Miro a Carmen y espero a que diga algo. No sé si la he cagado o no pero tenía que contárselo.
-Alex y tú… ¿os habéis acostado? –asiento. ¡Eso es genial!
-¿Lo es?
-¡Pues claro! Ahora aparte de ser mejores somos cuñadas.
-Eh… hay un pequeño problema.
-¿Cuál?
-Que Alex y yo no estamos saliendo. Por eso lo estaba buscando, para hablar de lo de anoche y hablar sobre nosotros, pero…
-Pero ¿qué?
-Pero me ha dicho que no puede ni quiere hablar conmigo.
-¡Este tío es tonto! Voy a hablar con él. –Se levanta pero rápidamente la cojo del brazo y hago que se siente otra vez.
-Déjalo. Supongo que soy bastante “guarra” y gorda para que nadie se fije en mí. –Agacho la cabeza y aparto la mirada.
-Eso no es verdad, Kelia. Tienes que quererte más a ti misma y tener seguridad en ti.
-Es difícil cuando todo el puñetero instituto me insulta y me desprecia. Tengo que irme, nos vemos a la salida ¿vale? –Le doy un beso en la mejilla y me levanto. Salgo corriendo de la cafetería y sin querer me tropiezo con alguien.
-Perdón. Decimos al unísono y cuando levanto la cabeza veo a un chico rubio con ojos verdes.
-Ho… hola, soy Kelia.
-Yo soy Kevin. Espera, ¿tú eres Kelia? He oído hablar de ti.
-Seguro que cosas malas. A ver si adivino, ¿tú también piensas que soy una guarra? Pues te voy a dar un consejo: primero infórmate de lo que ha pasado de verdad y luego juzgas, porque yo no soy una guarra ni me he acostado con todos esos tíos. Así que si me vas a insultar o a despreciarme ahórratelo. –Dicho esto salgo corriendo y no puedo evitar que algunas lágrimas salgan de mis ojos. Puto Raúl, me ha jodido la vida. 

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