jueves, 24 de agosto de 2017

CAPITULO 12

Hemos echado una tarde genial. Primero hemos ido a comer al restaurante chino Fujillama, luego hemos ido a la heladería Kalúa y nos hemos echado algunas fotos. Después hemos ido al cine y por último a una pizzería. Ahora ya estamos en casa y estoy molida. Me voy directamente al baño, me quito la ropa y me meto en la ducha.
Salgo de la ducha y me envuelvo con una toalla. Salgo del baño y me voy a mi habitación. Cuando cierro la puerta, me quito la toalla y me quedo completamente desnuda. Cojo mi tanga de hilo negro y cuando voy a meterme en la cama, veo a Alex apoyado en mi armario.
-¿Qué haces tú aquí? –Pregunto tapándome con la manta. Él no responde, solo me mira. Cuando levanto la cabeza, veo que me mira con lujuria y deseo. Se acerca a mi cama y sin previo aviso me besa. Tardo varios segundos en reaccionar y cuando lo hago, paso mis brazos alrededor de su cuello y lo atraigo más a mí. Alex me tumba despacio y baja sus besos a mi cuello mientras que con las manos me toca las tetas. Sigue bajando los besos hasta mis pechos y se mete un pezón en la boca, lo succiona y me muerdo el labio para no gemir. Luego va a por el otro pezón y repite la acción. Tras varios segundos, vuelve a besarme pero esta vez con más ganas. Mientras lo hace, su mano viaja hasta mi intimidad, ya mojada,  empieza a frotarme el clítoris. Jadeo y arqueo la espalda. Alex sonríe en mitad del beso y baja directamente hasta mi vagina. Me quita el tanga y me abre de piernas para acto seguido meter su lengua en ella y llenarme de placer.
-Ahh…
Alex introduce dos dedos y empieza a penetrarme con ellos mientras que succiona mi clítoris. Cuando levanto la cabeza, veo que se ha sacado su enorme pene y se está tocando mientras me produce placer. De repente, Alex para y se quita. Me mira un segundo y saca un condón de su bolsillo trasero del pantalón. Se lo pone y se quita toda la ropa. Ahora estamos los dos desnudos y bastante excitados. Se coloca entre mis piernas, agarra su enorme pene y me lo mete de una sola embestida. Abro la boca para gemir pero Alex me calla con un beso. Empieza a penetrarme despacio, para no hacerme daño, pero rápidamente sus movimientos se intensifican y empieza a follarme más duro.
-Joodeer… -Cada vez son más fuertes las embestidas y yo cada vez estoy a punto de llegar al orgasmo. Alex me besa los pechos y yo hundo los dedos en su pelo. Me agarra del culo y puedo notar todo su pene dentro de mí.
-Alex… -Dicho esto, ambos llegamos al orgasmo. Se tumba a mi lado y ambos intentamos volver a respirar normal. Una vez que ya podemos respirar normal, se levanta a tirar el condón y vuelve a acostarse a mi lado. Me pasa el brazo por encima de la cabeza y me atrae hacia sí, haciendo que apoye mi cabeza en su torso. Estoy tan reventada que no tardo en quedarme dormida. 

CAPITULO 11

Nos hemos comprado de todo: faldas, camisetas, vestidos, pantalones etc. También nos hemos comprado pitillos y medias para el frío. Todavía nos queda ir al Pull and Bear pero sinceramente, estoy agotada. Estamos de camino, cuando, de repente me suena el móvil. Lo cojo y veo que es un Whatsapp del chico misterioso:
Número desconocido: Estabas muy guapa cuando nos hemos visto. Me han entrado ganas de hacerte mía… de nuevo.
-¿Qué te pasa, Kelia? Tienes la cara blanca. –Carmen para de andar y, a su vez, Alex se acerca a mí. Carmen, que no se le escapa nada, coge mi móvil y lee el mensaje del chico misterioso, aunque tengo una idea de   quién es. -¿De nuevo? ¿Es Raúl el de los putos mensajes?
-No… no lo sé.
-Dile de quedar.
-¿Qué? Ni de coña. –Decimos Alex y yo al unísono. Le miro sorprendida, igual que su hermana.
-¿Por qué no?
-Porque…
-Porque es peligroso, Carmen. Raúl me cae de puta madre, y eso que lo conocí ayer, pero si es él de los mensajes, será peligroso que queden. –Dice  Alex en mi salvación. ¿Por qué coño tiene que ser tan… bipolar?
-¿Y a ti qué más te da que sea peligroso? Has venido con nosotras porque te daba pena Kelia, Alex. No finjas que te preocupas por ella. –Dice Carmen y siento como un pedacito de mí, se rompe en pedazos.
-Pues haced lo que os de la puta gana, cuando vuelva a jugársela, no digáis que no os advertí. –Espeta tan frío y tan serio que me sorprende.

Alex no me quita el ojo de encima desde lo del mensaje y me estoy poniendo de los nervios. Nunca antes había sentido esa excitación y ese deseo hacia nadie. Con Raúl era diferente. Nos besábamos y me tocaba el culo pero no llegábamos a más, al menos en sitios públicos. Mi primera vez fue en un cuarto de la basura con Raúl porque en su casa estaban sus padres y en mi caso, a mis padres no les gustaba Raúl. Pero nunca había sentido esas ganas de tener a alguien dentro de mí como las que he sentido con Alex. Dios, ¿qué me está pasando? Ya me enamoré una vez pero no sentía esto. No sentía las ganas de besar a Raúl en todo momento como las que tengo con Alex. No sentía las ganas de cogerle de la mano para que todo el mundo nos viera. No sentía las ganas de pasar cada minuto, cada segundo del día con Raúl que las que siento con Alex. Suspiro y apoyo la cabeza en el cristal del bus. Me suena un Whatsapp así que lo abro.
Número desconocido: ¿Quieres saber quién soy? Mañana, en la puerta del instituto, tú y yo, solos. A las 15:00.
Le doy un manotazo a Carmen para que lea el mensaje y se lleva la mano a la boca. 
-Joder.
-¿Qué hago? ¿Voy?
-Sí, pero no vas a ir sola. Yo voy contigo. Estaré detrás del árbol que hay justo a la esquina.
-¿Y si es él? ¿Y si me hace algo?
-¿Crees que es capaz de pegarte?
-No lo sé. Ha cambiado mucho desde que no nos vemos. Es… otra persona.
-Alex, ¿te vienes mañana a ver quién es el de los mensajes?
-Paso. Ya tengo planes.
-Gracias por tu ayuda, hermanito. –Dice Carmen poniendo los ojos en blanco y yo suspiro.  Llegamos a la parada de esta mañana y vamos a recoger a mi hermana. Carmen y yo estamos hasta arriba de bolsas así que es Alex quien coge a mi hermana. Qué suerte tiene la jodía… Ojala yo pueda tocar esos brazos…. ¡Kelia, para! Me doy dos ostias mentalmente ante ese pensamiento y sigo caminando. Cuando llego a mi casa, me despido rápidamente de Alex y Carmen, abro la puerta y aprovecho que no hay nadie todavía para llevar las bolsas a mi habitación. Parece que el destino quiere que viva porque, justo cuando cierro la puerta de mi habitación, se abre la puerta principal y entran mis padres.
-¡Papá! –Corro hacia él y me hundo en un fuerte y apasionad abrazo. Cómo lo le echado de  menos. Mi hermana se une al abrazo y mi padre nos coge a las dos en brazos.
-Como os he echado de menos, mis pequeñajas…
-¡Oye! ¡Que ya no soy tan pequeñaja! Que tengo  7 años, papi. –Dice mi adorable hermana y yo me derrito.
-Es verdad, la pequeñaja es Kelia, entonces.
-¡Oye! ¡Que ya no soy tan pequeñaja! Que tengo 18 años, papi. –Repito lo mismo que ha dicho que mi hermana y hago pucheros, cosa que a mi padre le hace gracia ya que suelta una carcajada.
-Contigo no funciona, cariño.
-Mierda. –Digo entre dientes y me cruzo de brazos haciéndome la enfadada, como una niña pequeña.
-Bueno, ¿estáis todas listas? Nos vamos ya.
-Sí, estamos listas. –Meto mi monedero en el bolsillo trasero de mi pantalón y el móvil en el otro junto con las llaves y salimos. Por fin vamos a poder disfrutar un día en familia. Echaba de menos estar junto a mi padre. Trabaja mucho y encima trabaja en un chiringuito y viene a las 01:00 de la mañana y yo a esa hora estoy en el séptimo sueño. Mi padre saca las llaves de su Todoterreno negro y cuando estamos todos subidos, mi padre pone música. Por instinto, miro hacia atrás y veo a Alex parado a pocos centímetros de mi casa. Lo observo durante un minuto hasta que su mirada se cruza con la mía y tengo que apartar mis ojos de los suyos. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo y cierro los ojos, cosa que me pone más nerviosa ya que unos ojos marrones oscuros aparecen observándome una y otra vez. 

CAPITULO 10

Llevamos más de una hora por el centro. Son las 11:30 y estamos tomando unos cafés en un bar cerca del centro comercial. Carmen y yo no hemos parado de reírnos y de decidir a todos los sitios a los que vamos a ir antes de irnos y, mientras tanto, Alex no ha dicho más de dos palabras en cada conversación. Camina con el móvil en la mano o alguna vez que otra se mete las manos en los bolsillos y no dice nada. Tengo que admitir que la presencia de Alex me pone bastante nerviosa pero al mismo tiempo me siento eufórica. Cuando nos acabamos los cafés, salimos del bar y nos paramos para volver a decidir a dónde vamos.
-Bien. Primero vamos al Primark, luego al Bershka y por último al Pull and Bear. ¿De acuerdo?
-Que sí, pesada. ¿Tantas vueltas dais las tías para ir de compras?
-Claro, hay que coger muchos modelitos y ropa bonita de todas las tiendas posibles. ¿Verdad, Kelia?
-Claro.
-Bueno, venga vamos. –Carmen me coge del brazo y literalmente tira de mí para ir lo más rápido posible. Cuando nos paramos en un paso de peatones, miro hacia atrás y veo que Alex no para de mirarme. Me ruborizo y me obligo a mirar hacia delante antes de que Carmen se dé cuenta. Cuando cruzamos, vamos corriendo y entramos en el centro comercial.

Tras diez minutos de búsqueda, por fin encontramos el Primark. Entramos y nos ponemos a buscar faldas, vaqueros, shorts, vestidos etc. Primero nos vamos a la sección de vestidos.
-¡Joder! –Carmen corre hacia un vestido color negro de tirantes. Le quedaría genial, aunque a ella le quedaría genial todo. Tiene un cuerpazo y  por un instante siento envidia de ella.
-Te quedará genial.
-¿Verdad? ¿Has visto alguno ya que te llame la atención?
-Todavía no he visto ninguno.
-Vamos a buscar uno para ti y nos lo probamos juntas.
-Vale.
-Esto es un coñazo. –Protesta Alex.
-Te aguantas, guapo. –Le dice su hermana sonriente. Él suspiro indignado pero no dice nada más. Camino por los pasillos y me detengo ante un vestido rojo precioso. Es de palabra de honor y en la cintura tiene un lazo negro. Me quedo fascinada.
-¡Ostia puta! ¡Qué buen ojo tienes para los vestido, tía!
-Me encanta. Pero… no me quedará bien.
-¿Qué dices? ¡Pues claro que te quedará bien! Cógelo y nos lo probamos.
-Está bien… -Lo cojo y los tres nos vamos a los probadores. La primera en entrar es Carmen. Tarda un minuto en ponerse el vestido. Cuando sale, me quedo sin habla. ¡Le queda muy bien!
-¿Os gusta?
-¡Me encanta!  Quédatelo.
-¡Vale! Cuando salga entras tú y te pruebas el vestido.
-Okey. –Dicho esto, ella vuelve al probador y de nuevo nos quedamos Alex y yo solos.
-Seguro que te queda genial ese vestido. –Suelta de repente.
-Gra… gracias. –Me sonrojo tanto que creo que mis mejillas van a estallar. Por fin Carmen sale y entro yo. Me quito la ropa y me pongo el vestido. ¡Vaya! La verdad es que me queda bastante bien. Cojo aire y salgo.
-¡Me encanta! ¡Te queda genial! –Exclama Carmen con una sonrisa en la cara.
¿Tú qué opinas, Alex?
-Estás… tremenda… quiero decir, tremendamente bien. –Parece que se pone rojo y esconde la cabeza. Sonrío satisfecha y vuelvo al probador.  Me estoy quitando el vestido cuando de repente Alex abre la cortina y entra en el probador.
-¿Qué coño…? –No me deja acabar porque me acorrala y me besa. Es un beso intenso lleno de deseo. Pega una mano a la pared de espejo y con la mano derecha me sube una pierna hasta su cintura y me aprieta el culo haciendo que mi zona íntima y la suya estén totalmente pegadas. Puedo notar su erección creciendo y eso me produce un gemido. Sube la mano hasta mis pechos y me los saca del sujetador. Baja sus besos a mi cuello y aterrizan en mis pezones, los cuales se ponen duros al sentir su lengua en ellos. Suelto otro gemido esta vez un poco más fuerte y él me tapa la boca con un beso.
-¿Alex? Alex, ¿dónde estás? –La voz de Carmen suena por el probador y me pongo tensa.-Kelia, ¿a dónde ha ido Alex?
-Ni… idea… Se habrá ido a la sección de hombre. Ve a mirar allí, ahora os busco.
-Vale. No tardes.
-Vale. –Abro un poco la cortina y cuando observo que se ha ido, me aparto de Alex y me pongo la ropa. -¿Se puede saber a qué coño ha venido eso?
-Tenía ganas de besarte. –Dice encogiéndose de hombros y sale del probador. -Date prisa, te espero a que te vistas.
Alucinada y agitada, me visto como puedo y doblo el vestido. Me arreglo un poco el pelo y salgo del probador.
-Vamos a buscar a tu hermana. –Digo en dirección a la sección de los hombres. Antes de dar dos pasos, Alex me coge del brazo.
-No le digas a nadie lo que acaba de pasar. Ni siquiera a mi hermana, ¿entendido?
-¿Por qué? ¿Te da vergüenza que sepan que te has liado con la gorda y la puta de instituto qué? –Digo en broma pero al ver que mira hacia otro lado, lo pillo enseguida.-Ah, ¿es eso? Pues no te preocupes que nadie sabrá que nos hemos liamos. –Digo tan cabreada que nada más lo digo, paso por su lado y me voy a buscar a Carmen. 

CAPITULO 9

Cuando me doy la vuelta, veo a Alex con una camiseta gris de tirantes, unos vaqueros azules y unos zapatos de punta negros. Va con dos chicos más. Uno rubio y el otro moreno.
-¿Alex? ¿No deberías estar en clase?
-Lo mismo os he preguntado. ¿Por qué no estáis en clase?
-Porque a Kelia le hacía falta salir y hemos decidido ir al centro.
-¿Y no podíais quedar por la tarde?
-No puedo, tengo que irme con mi familia a comer fuera. –Digo tan rápido que no sé cómo no he podido equivocarme.
-¿Cuál es tu excusa?
-No tengo excusa. No quería ir a clase y tres amigos me han invitado a dar una vuelta.
-¿Tres? Yo solo veo a…
-Aquí estoy. –Reconocería esa voz en cualquier parte. Se me tensa todo el cuerpo y no puedo casi respirar.
-¿Kelia? ¿Qué haces tú aquí? –No puedo hablar, no me salen las palabras. Estoy flipando. Después de dos años sin hablar y sin vernos, ¿es lo único que sabe decirme? Me encantaría pegarle tres ostias si mi cuerpo reaccionara.
-¿Os conocéis? –Pregunta Alex, el cual está un poco confundido, al igual que su hermana. Ella, por otra parte, me coge del brazo y hace que me dé la vuelta.
-¿Qué te pasa? Parece que hayas visto un fantasma.
-Es… él es… -Intento decir, pero no me salen las palabras.
-No jodas que ese de ahí es Raúl. –Yo solo asiento con la cabeza.-Joder. Qué buena puntería tiene mi hermano para escoger amistades. –Dice con ironía.
-Oye, Kelia, ¿estás bien? –Pregunta Raúl. ¿Será imbécil? Cojo aire y me doy la vuelta.
-¿Qué si estoy bien? ¡Pues no! ¡No estoy bien! ¿Cómo puedes ser tan cínico y tan… tan… hijo de puta? Después de dos putos años sin hablarnos y sin vernos y después de lo que me hiciste, ¿solo me preguntas si estoy bien?
-¿Y qué mierda quieres que diga?
-¡Pues que lo sientes! ¡Que sientes haberme arruinado la vida y sientes haber mentido e inventado cosas sobre mí! ¡Que sientes no haberme hablado después de lo que pasó! ¡Eso quiero! –Mis lágrimas no aguantan más y deciden salir y yo no las detengo. Hacía tiempo que no lo veía y ahora que lo veo… me da asco.
-A ver, ¿qué coño me he perdido? –Pregunta Alex, que ya está de los nervios por no saber qué está pasando.
-Pues que tu amiguito Raúl es el ex de Kelia y le hizo una putada bien grande. Estuvieron saliendo y cuando se acostaron, al día siguiente el gilipollas este lo estuvo diciendo por ahí.
-¿Y eso qué tiene de malo?
-No he terminado. Le estuvo contando a todo el mundo que Kelia quería hacer tríos con él y sus amigos, cosa que es mentira. Se estuvo inventado cosas de ella y las fue contando por todo el instituto y ahora todos en el instituto le hacen la vida imposible a Kelia por sus putas mentiras. –Explica Carmen por mí, cosa que le agradezco un montón porque si lo hubiera explicado, hubiera roto en llanto a mitad de la historia.
-Bueno, por lo menos tienes un buen recuerdo de nosotros, ¿no, Kelia? Nuestros cuerpos pegados, tu boca alrededor de mi… -No lo dejo acabar porque le doy una ostia. Al instante me arrepiento ya que él me la devuelve y acto seguido me empuja haciendo que me caiga al suelo y moleste a los demás pasajeros del bus.
-¡Kelia! –Carmen viene corriendo hacia mí y ayuda a levantarme. ¿Estás bien?
-Sí, sí…
-Te has pasado, tío. –Alex viene hacia mí y me acaricia el brazo. Siento un enorme cosquilleo y por poco no me caigo de nuevo. -¿Estás bien, Kelia?
-S…Sí, Estoy… bien.
-Voy con vosotras.
-¿Al centro? Sabes que vamos de compras, ¿no?
-Bueno, así yo podré comprarme algo también.
-¿Enserio te vas con ellas, tío? ¿No íbamos a ir a tomar cervezas y a ligar con algunas pavas?
-Id vosotros. Yo voy más tarde.
-Como quieras. Adiós. –Los  amigos de Alex, incluido Raúl se bajan en la siguiente parada. No me puedo creer que Alex vaya a venir con nosotras. Me estoy poniendo muy nerviosa y me sudan las manos. ¿Qué coño me pasa? Jamás me he puesto tan nerviosa como lo estoy ahora. Bueno, ahora sé que nos espera un día de compras muy intenso y, posiblemente, lleno de risas y diversión. 

CAPITULO 8

Ahora mismo estoy en mi habitación escuchando música con mi portátil y haciendo los deberes. Debo reconocer que no he parado de pensar en el chico de los mensajes. ¿Será verdad todo lo que me dice? ¿O simplemente se tratará de una broma? Joder, esto de no saber quién es me está matando. De repente me suena el móvil. Veo que es un Whatsapp de Carmen y lo abro.
Carmen: ¿Preparada para saltarlos las clases mañana?
Yo: No, pero no me voy a echar atrás.
Carmen: Perfecto. Te espero en mi casa a las 07:50.
Yo: Tengo que llevar a mi hermana al cole. ¿Te vienes y ya así nos vamos a la parada del bus que está más abajo del cole?
Carmen: Perfecto.
Yo: Una cosa, tengo que estar a las 15:00 a mi casa porque mi padre descansa y nos vamos a comer fuera.
Carmen: Okey. ¿Tu hermana a qué hora sale del cole?
Yo: Tiene comedor así que iré a por ella a las 14:55 y ya me voy para mi casa.
Carmen: Perfecto. Pues estoy en tu casa a las 07:45, levamos a tu hermana al cole y cogemos el bus hasta el centro y estamos allí hasta las 14:30 que es cuando pasa el bus que va desde Málaga hasta aquí. ¿Te parece bien?
Yo: Sí.
Carmen: Voy a preparar la mochila para hacer el paripé.
Yo: Yo también. ¿Con 50 euros tendremos suficientes?
Carmen: 50 euros tu y 50 euros yo.
Yo: Pues perfecto. Tengo que irme. Hasta mañana guapa.
Carmen: Hasta mañana reina.
Suelto el móvil y me pongo con los deberes. Siento una adrenalina en mi interior que nunca había sentido. Nunca he hecho ninguna locura ni nada de lo que las niñas de mi edad hacen. Me he acostado con un chico y al final terminé siendo la puta de Málaga. Creo que una escapada al centro mañana será lo mejor. Dejo los deberes, cojo mi pijama y me meto en la ducha.
Una vez duchada y cenada, subo a mi habitación y preparo las cosas para el “instituto”. Pongo la alarma a las 07:00 y me duermo en un santiamén.

Cuando suena la alarma ya estoy despierta y levantada. Al principio me quedé dormida en nada pero a las 01:00 o por ahí me desvelé y desde entonces no he pegado ojo. Apago la alarma y me voy al baño. Me lavo la cara y salgo. Decido esperar a las 07:30 para despertar a mi hermana. En el cole entran a las 09:00 pero ella tiene aula matinal pero casi siempre desayuna en casa. Cosa que no logro entender porque los bollos de aceite y azúcar del cole están que te mueres. Vuelvo a mi habitación y me visto. Hoy he decidido optar por un sujetador simple de color beige, una camisa lisa blanca, unos  leggins negros y mis Converses negras. Me peino y me hago una cola alta. Salgo de mi habitación y despierto a mi hermana.
-Buenos días, enana. Arriba, arriba.
-Buenos días. –Dice estirazándose.
-Venga, vístete que nos vamos. –Salgo de su habitación y suena el timbre. Abro y veo a Carmen con unos shorts estilo militar y una camiseta negra y sus HURACHE blancas.
-Buenos días, Kelia.
-Buenos días, Carmen.
-¿Lista?
-Mi hermana se está vistiendo. Pasa. –Me hecho a un lado y ella pasa. Mi madre está en la cocina y la ve.
-Hola, tú debes de ser Carmen. Soy Melisa, la madre de Kelia.
-Encantada Melisa.
-¿Vais a ir juntas al instituto?
-Sí mamá. Vamos a llevar a Yoli al cole y luego nos vamos.
-Sí, exactamente.
-Que alegría ver a mi hija contenta. Últimamente no sonríe mucho.
-Pues eso se acabó. –Yoli sale de su habitación ya vestida así que nos despedimos de mi madre y nos vamos.
Cuando dejamos a mi hermana en el cole, nos vamos a la parada del bus que hay más abajo, como habíamos planeado.
-¿Estás nerviosa?
-Mucho. Nunca le había mentido a mi madre.
-Será la última vez que le mientas. Te lo prometo.
-Vale. –Sonrío. Llegamos justo a tiempo. El bus llega a la misma vez que nosotras. Nos subimos y como no vemos ningún sitio libre, nos quedamos de pie agarradas a las barandillas. De repente, una voz hace que se me congele la sangre.
-¿Carmen? ¿Qué hacéis vosotras aquí? ¿No deberíais estar en el instituto? 

CAPITULO 7

En las tres primeras horas he recibido por lo menos 4 mensajes del chico misterioso. Todavía no sé quién coño es y me estoy cansando de tanto misterio. Ahora es la hora del recreo, por lo tanto estoy en la mesa de siempre junto con Carmen. No sé si contárselo o no. Así que decido por arriesgarme y contárselo.
-Carmen, ¿puedo confiar en ti?
-Pues claro, boba. ¿Qué pasa?
-Es que… esta mañana he recibido un mensaje de un número desconocido y sé que es un chico pero no me ha dicho quién es.
-¿Puedo ver los mensajes? –Saco el móvil y se lo doy. Ella lee con atención todos los mensajes y luego me mira. –Lo siento tía, no puedo ayudarte. No sé quién es.
-¿No reconoces el número?
-No.
-Bueno, da igual. Seguro que es una broma.
-O puede que alguien se interese de verdad por ti.
-Si claro. ¿Quién se va a interesar en una puta, guarra y zorra como yo?
-Sabes que no eres así. Ese Raúl es un cabronazo pero mientras que tú sepas lo que has hecho, lo que pienses los demás no importa.
-Sí que importa, Carmen. Todo el puto instituto cree que me he follado a todos los amigos de Raúl. Y, aunque no me hubiera acostado con él y nadie pensara que soy una puta golfa;  nadie querría salir conmigo. ¡Mírame! ¡Estoy gorda!
-Eso no es verdad. Estás genial. Y si estuvieras gorda, ¿qué más da? Lo importante es la personalidad y el corazón y si los tíos no ven lo preciosa que eres tanto por fuera como por dentro entonces es que son unos gilipollas cegatos que no entienden ni saben lo que es el amor.
-¿De verdad piensas todo eso? –Pregunto a punto de llorar.
-Pues claro que sí, tonta. Vamos a hacer una cosa. Mañana nos saltamos las clases y vamos de compras y este finde nos vamos de fiesta. ¿Te parece?
-No sé… nunca me he saltado las clases…
-Está bien hacer locuras de vez en cuando. Por favooor.
-Bueno, vale. Pero sólo esta vez.
-Trato hecho. –Levanta el dedo meñique y hago lo mimo para acto seguido  juntarlos y hacer una “Pinkipromis”  como lo llama ella.
-Bueno, mi clase empieza dentro de 5 minutos. Tengo que irme.
-Vale. ¿Hablamos por Whatsapp? –Pregunto mientras que recojo mis cosas.
-Claro. Hasta luego. –Me da un beso en la mejilla y se va sonriente. Cuando lo tengo todo recogido, voy para mi clase y antes de entrar, el móvil vibra. Lo cojo y abro el Whatsapp:
Número desconocido: Ojalá pudiera cambiarme por tu amiga y darte besos en la mejilla… y en otros sitios. Besos, preciosa.
¿Enserio? Cada vez me estoy rayando más con este chico. ¿Quién coño es? Decido contestarle:
Yo: ¿Se puede saber quién coño eres y cómo has conseguido mi número?
Miro a ver si le ha llegado para asegurarme de que no me ha bloqueado y cuando compruebo que le ha llegado, guardo el móvil y entro en clase.

CAPITULO 6

Una vez que he dejado a mi hermana en el cole, me voy para el instituto. Me pongo los cascos y me pongo mi música. Meto el móvil en el bolsillo y sigo caminando. Me da un poco de miedo tener una amiga después de todo lo que ha pasado. Soy muy confiada y ya me han traicionado muchas veces. Carmen se ve que es muy buena niña y se puede confiar en ella pero…  ¿Y si ha cambiado de idea y hoy ya no me habla? ¿Hará como lis antiguas amigas? No me extrañaría, una chica como ella no debe juntarse con alguien como yo. Suspiro y le doy una patada a una piedra. De repente me vibra el móvil. Lo cojo y veo que es un mensaje. Lo abro y me decepciono al ver que es de Vodafone. Lo vuelvo a meter en el bolsillo y sigo mi camino.

Ya en el instituto, me vuelvo a encontrar con las miradas e insultos de siempre. Cuando estoy a punto de subir las escaleras para ir a mi clase, escucho mi nombre. Cuando me doy la vuelta veo a Carmen corriendo hacia mí.
-¡Kelia! Hola. –Parece que haya corrido un maratón.
-Ho… hola.
-¿Qué pasa?
-Pensé que…
-Qué había cambiado de idea y te iba a dejar tirada ¿no?
-Bueno… Sí. –Admito.
-Pues te equivocas. De hecho, te he visto llevando a tu hermana al cole y te he llamado pero vi que tenías los cascos y como no tengo tu número pues…
-Te lo doy, si quieres.
-Espera. –Saca su móvil y lo desbloquea. –Dime.  –Le doy mi número y lo guarda como “Kelia Meja”. Me manda un Whatsapp y la agrego como “Carmen Beba”. Me hacía ilusión poder llamar a una amiga “beba” y he aprovechado esta oportunidad.
-Ya está. Tengo que irme a clase.
-Yo tengo que ver a hablar con mi hermano. ¿Nos vemos en la cafetería en la mesa de ayer?
-Sí. Allí estaré.
-Vale. Hasta luego. –Me da un beso en la mejilla y se va corriendo. Miro el móvil y veo que Literatura va a empezar dentro de 5 minutos así corro hacia mi clase. Llego a tiempo, pues el maestro de Literatura llega justo detrás de mí.
- Buenos días chicos. Vamos a empezar por leer el poema que Miguel Hernández le hizo a su gran amigo Juan Ramón Sijé. Melania, por favor lee el primer párrafo. –La chica nombrada, abre el libro por la página del poema y empieza a leer.
-En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha 
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien

tanto quería. –De repente me vibra el móvil. Con mucho cuidado de que no me pillen, lo desbloqueo y veo un Whatsapp de un número desconocido.
Número desconocido: Muy guapa en la foto de perfil. Tus labios deben de ser muy sabrosos. ¿Me dejas probarlos?
¿Qué coño…? ¿Quién es? ¿Cómo ha conseguido mi número? Estoy a punto de escribirle cuando el maestro de Literatura dice mi nombre.
-Señorita Collins, ¿puedes seguir con la lectura?
-Yo… eh… Me he perdido.
-Ya me parecía. Presta atención. Melania, continúa por favor. –Dicho esto, la chica continúa leyendo pero yo no presto atención. Mi cabeza está en el chico que me ha escrito. ¿Quién puede ser?