jueves, 24 de agosto de 2017

CAPITULO 7

En las tres primeras horas he recibido por lo menos 4 mensajes del chico misterioso. Todavía no sé quién coño es y me estoy cansando de tanto misterio. Ahora es la hora del recreo, por lo tanto estoy en la mesa de siempre junto con Carmen. No sé si contárselo o no. Así que decido por arriesgarme y contárselo.
-Carmen, ¿puedo confiar en ti?
-Pues claro, boba. ¿Qué pasa?
-Es que… esta mañana he recibido un mensaje de un número desconocido y sé que es un chico pero no me ha dicho quién es.
-¿Puedo ver los mensajes? –Saco el móvil y se lo doy. Ella lee con atención todos los mensajes y luego me mira. –Lo siento tía, no puedo ayudarte. No sé quién es.
-¿No reconoces el número?
-No.
-Bueno, da igual. Seguro que es una broma.
-O puede que alguien se interese de verdad por ti.
-Si claro. ¿Quién se va a interesar en una puta, guarra y zorra como yo?
-Sabes que no eres así. Ese Raúl es un cabronazo pero mientras que tú sepas lo que has hecho, lo que pienses los demás no importa.
-Sí que importa, Carmen. Todo el puto instituto cree que me he follado a todos los amigos de Raúl. Y, aunque no me hubiera acostado con él y nadie pensara que soy una puta golfa;  nadie querría salir conmigo. ¡Mírame! ¡Estoy gorda!
-Eso no es verdad. Estás genial. Y si estuvieras gorda, ¿qué más da? Lo importante es la personalidad y el corazón y si los tíos no ven lo preciosa que eres tanto por fuera como por dentro entonces es que son unos gilipollas cegatos que no entienden ni saben lo que es el amor.
-¿De verdad piensas todo eso? –Pregunto a punto de llorar.
-Pues claro que sí, tonta. Vamos a hacer una cosa. Mañana nos saltamos las clases y vamos de compras y este finde nos vamos de fiesta. ¿Te parece?
-No sé… nunca me he saltado las clases…
-Está bien hacer locuras de vez en cuando. Por favooor.
-Bueno, vale. Pero sólo esta vez.
-Trato hecho. –Levanta el dedo meñique y hago lo mimo para acto seguido  juntarlos y hacer una “Pinkipromis”  como lo llama ella.
-Bueno, mi clase empieza dentro de 5 minutos. Tengo que irme.
-Vale. ¿Hablamos por Whatsapp? –Pregunto mientras que recojo mis cosas.
-Claro. Hasta luego. –Me da un beso en la mejilla y se va sonriente. Cuando lo tengo todo recogido, voy para mi clase y antes de entrar, el móvil vibra. Lo cojo y abro el Whatsapp:
Número desconocido: Ojalá pudiera cambiarme por tu amiga y darte besos en la mejilla… y en otros sitios. Besos, preciosa.
¿Enserio? Cada vez me estoy rayando más con este chico. ¿Quién coño es? Decido contestarle:
Yo: ¿Se puede saber quién coño eres y cómo has conseguido mi número?
Miro a ver si le ha llegado para asegurarme de que no me ha bloqueado y cuando compruebo que le ha llegado, guardo el móvil y entro en clase.

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