Nos hemos comprado de todo: faldas, camisetas, vestidos, pantalones etc. También nos hemos comprado pitillos y medias para el frío. Todavía nos queda ir al Pull and Bear pero sinceramente, estoy agotada. Estamos de camino, cuando, de repente me suena el móvil. Lo cojo y veo que es un Whatsapp del chico misterioso:
Número desconocido: Estabas muy guapa cuando nos hemos visto. Me han entrado ganas de hacerte mía… de nuevo.
-¿Qué te pasa, Kelia? Tienes la cara blanca. –Carmen para de andar y, a su vez, Alex se acerca a mí. Carmen, que no se le escapa nada, coge mi móvil y lee el mensaje del chico misterioso, aunque tengo una idea de quién es. -¿De nuevo? ¿Es Raúl el de los putos mensajes?
-No… no lo sé.
-Dile de quedar.
-¿Qué? Ni de coña. –Decimos Alex y yo al unísono. Le miro sorprendida, igual que su hermana.
-¿Por qué no?
-Porque…
-Porque es peligroso, Carmen. Raúl me cae de puta madre, y eso que lo conocí ayer, pero si es él de los mensajes, será peligroso que queden. –Dice Alex en mi salvación. ¿Por qué coño tiene que ser tan… bipolar?
-¿Y a ti qué más te da que sea peligroso? Has venido con nosotras porque te daba pena Kelia, Alex. No finjas que te preocupas por ella. –Dice Carmen y siento como un pedacito de mí, se rompe en pedazos.
-Pues haced lo que os de la puta gana, cuando vuelva a jugársela, no digáis que no os advertí. –Espeta tan frío y tan serio que me sorprende.
Alex no me quita el ojo de encima desde lo del mensaje y me estoy poniendo de los nervios. Nunca antes había sentido esa excitación y ese deseo hacia nadie. Con Raúl era diferente. Nos besábamos y me tocaba el culo pero no llegábamos a más, al menos en sitios públicos. Mi primera vez fue en un cuarto de la basura con Raúl porque en su casa estaban sus padres y en mi caso, a mis padres no les gustaba Raúl. Pero nunca había sentido esas ganas de tener a alguien dentro de mí como las que he sentido con Alex. Dios, ¿qué me está pasando? Ya me enamoré una vez pero no sentía esto. No sentía las ganas de besar a Raúl en todo momento como las que tengo con Alex. No sentía las ganas de cogerle de la mano para que todo el mundo nos viera. No sentía las ganas de pasar cada minuto, cada segundo del día con Raúl que las que siento con Alex. Suspiro y apoyo la cabeza en el cristal del bus. Me suena un Whatsapp así que lo abro.
Número desconocido: ¿Quieres saber quién soy? Mañana, en la puerta del instituto, tú y yo, solos. A las 15:00.
Le doy un manotazo a Carmen para que lea el mensaje y se lleva la mano a la boca.
-Joder.
-¿Qué hago? ¿Voy?
-Sí, pero no vas a ir sola. Yo voy contigo. Estaré detrás del árbol que hay justo a la esquina.
-¿Y si es él? ¿Y si me hace algo?
-¿Crees que es capaz de pegarte?
-No lo sé. Ha cambiado mucho desde que no nos vemos. Es… otra persona.
-Alex, ¿te vienes mañana a ver quién es el de los mensajes?
-Paso. Ya tengo planes.
-Gracias por tu ayuda, hermanito. –Dice Carmen poniendo los ojos en blanco y yo suspiro. Llegamos a la parada de esta mañana y vamos a recoger a mi hermana. Carmen y yo estamos hasta arriba de bolsas así que es Alex quien coge a mi hermana. Qué suerte tiene la jodía… Ojala yo pueda tocar esos brazos…. ¡Kelia, para! Me doy dos ostias mentalmente ante ese pensamiento y sigo caminando. Cuando llego a mi casa, me despido rápidamente de Alex y Carmen, abro la puerta y aprovecho que no hay nadie todavía para llevar las bolsas a mi habitación. Parece que el destino quiere que viva porque, justo cuando cierro la puerta de mi habitación, se abre la puerta principal y entran mis padres.
-¡Papá! –Corro hacia él y me hundo en un fuerte y apasionad abrazo. Cómo lo le echado de menos. Mi hermana se une al abrazo y mi padre nos coge a las dos en brazos.
-Como os he echado de menos, mis pequeñajas…
-¡Oye! ¡Que ya no soy tan pequeñaja! Que tengo 7 años, papi. –Dice mi adorable hermana y yo me derrito.
-Es verdad, la pequeñaja es Kelia, entonces.
-¡Oye! ¡Que ya no soy tan pequeñaja! Que tengo 18 años, papi. –Repito lo mismo que ha dicho que mi hermana y hago pucheros, cosa que a mi padre le hace gracia ya que suelta una carcajada.
-Contigo no funciona, cariño.
-Mierda. –Digo entre dientes y me cruzo de brazos haciéndome la enfadada, como una niña pequeña.
-Bueno, ¿estáis todas listas? Nos vamos ya.
-Sí, estamos listas. –Meto mi monedero en el bolsillo trasero de mi pantalón y el móvil en el otro junto con las llaves y salimos. Por fin vamos a poder disfrutar un día en familia. Echaba de menos estar junto a mi padre. Trabaja mucho y encima trabaja en un chiringuito y viene a las 01:00 de la mañana y yo a esa hora estoy en el séptimo sueño. Mi padre saca las llaves de su Todoterreno negro y cuando estamos todos subidos, mi padre pone música. Por instinto, miro hacia atrás y veo a Alex parado a pocos centímetros de mi casa. Lo observo durante un minuto hasta que su mirada se cruza con la mía y tengo que apartar mis ojos de los suyos. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo y cierro los ojos, cosa que me pone más nerviosa ya que unos ojos marrones oscuros aparecen observándome una y otra vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario